Con tal de mantenerse prácticamente sin dramáticos deterioros en popularidad a pesar del natural desgaste que implica el ejercicio del poder durante más de tres años y medio —con un promedio cercano al 60 por ciento, que es uno de los mejores del mundo— , el presidente Andrés Manuel López Obrador sigue empeñado en su estrategia sui generis, con la esperanza de statu quo el paso de cara a las elecciones del 2 de junio, concentrado en el voto popular de menor nivel educativo de mayor edad y en estado de pobreza —el mismo que le franqueó el paso al poder—, aunque los beneficios de sus programas solo se sentirán, peligrosamente, en el mediano plazo. La duda ya no es si seguirá concentrado en los beneficios populares de corto y mediano plazos, sino si durarán hasta el momento de los comicios.

Hay que recordar que en las elecciones intermedias de 2021, en las que se renovó la cámara de diputados, el partido oficialista Morena y sus adláteres se quedaron algo lejos de obtener la mayoría calificada de tres cuartas partes de los escaños que se requieren para aplicar las temidas reformas constitucionales —las electorales, al Poder Judicial y al régimen republicano vigente en general—, que sigue garantizando mínimamente los contrapesos que nos separan de los regímenes autoritarios y, aunque seguramente no por gusto del mandatario, mantienen al país, de facto, en un perfil parecido a la socialdemocracia, al socialismo democrático o, si se quieren términos menos ideologizados, al capitalismo de tipo keynesiano, equidistante al neoliberalismo del Consenso de Washington y del socialismo radical y estatista latinoamericano que odian los inversionistas no favorecidos por los gobiernos, sobre todo los foráneos.

Si los fondos y reservas alcanzan, la autollamada Cuarta Transformación ganará inevitablemente la elección presidencial sin alterar mayormente los equilibrios en el congreso, más si no lo hacen y los efectos de la falta de recursos para mantener los programas sociales se siente con alguna fuerza, pudiera darse una reacción adversa de la “clientela” electoral de la coalición del presidente y, en el peor de los escenarios, hasta perder la presidencia ante una figura con potencial de popularidad como Xóchitl Gálvez Ruiz, la casi segura candidata de la amorfa oposición política cuya alicaída esperanza ilumina.

El entorno global y doméstico es incierto; estos son sus ominosos signos: en los primeros seis meses de este año, el Banco de México (central), registró una pérdida de 413 mil 169 millones de pesos  por la apreciación del peso frente al dólar, por lo que 2023 se perfila para ser el séptimo año consecutivo en que no se genera ningún remanente para el Gobierno Federal (Reforma, 2 de agosto).

De acuerdo con datos del Banxico, el peso terminó la jornada de la víspera en 17.0291 unidades por billete verde, “afectada por una ola global de aversión al riesgo después de que la agencia de calificación Fitch rebajó inesperadamente la calificación crediticia de Estados Unidos”.

“Desde un enfoque técnico, los indicadores muestran que se pudiera estar abriendo la puerta para un cambio de tendencia en el tipo de cambio, algo similar lo que ocurrió en marzo con el desorden bancario de Estados Unidos” (Banco Base, citado por Fórmula), pero después del nerviosismo se espera que el peso se mantenga fuerte, incluso de nuevo por debajo del techo de las 17 unidades por dólar estadounidense. Este dato puede alegrar a los consumidores de bienes de importación, pero desalentará la inversión extranjera, de por sí muy raquítica debido a las políticas estatistas de López y afectará severamente a la industria, desde la minera hasta las telecomunicaciones, pasando por el sector secundario de la economía, como la industria de los alimentos procesados y las bebidas: “las grandes firmas del país han venido sufriendo el impacto del fenómeno conocido como ‘superpeso’ (Fórmula)”.

El Banxico no ha sido claro y mucho menos firme para anunciar anunciar un aumento en las tasas de referencia, en concordancia con las presiones que implican el superpeso y la elevación de la tasa de interés aplicada la semana pasada por la Reserva Federal de Estados Unidos, por lo que el costo de los programas sociales y los megaproyectos como el Tren Maya —deseable, pero necesariamente caro y subsidiado— tendría que estar fondeado con unas reservas internacionales que no parecen ser precisamente abundantes merced a la política económica asistencialista y refractaria a la inversión extranjera vigente en el país.

LA DICHA INICUA…

Para los tiempos de las próximas elecciones, lo más probable es que el gobierno de México no quiera queso, sino salir de la ratonera, por lo que el oficialismo estaría, aunque aun muy lejos, más cerca de perder que de lograr una mayoría parlamentaria calificada, por lo que incluso el “fantasma” de la reelección, expuesto en notas malintencionadas y con insertos de video descontextualizados lanzados por la extrema derecha —con la peor de las malas intenciones—, solo podría darse a través de una impensable asonada.

GRILLOGRAMA

Sigan aplaudiendo: sigo cantando…

Sin embargo, esa tonada

Que no se llama El Ausente

La cantará el presidente

Desde el rancho “La Chingada”

columnacafenegro@gmail.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *