Maria Diaz se emocionó «hasta llorar». «¡Viva León!», gritaban los fieles al paso del papamóvil este viernes por las calles de la capital de Francia, entusiasmados por ver pasar a su líder espiritual en este país laico.
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Bajo un sol radiante, el papa recorrió los 2,5 kilómetros por el centro de la capital hasta la catedral de Notre-Dame. Las autoridades esperaban hasta 250.000 espectadores.
«Estoy emocionada hasta llorar. Transmite alegría», «busca unir a la gente», declaró Diaz, de 52 años, tras ver pasar al papa al inicio del recorrido, a la altura de la iglesia de Notre-Dame des Champs.
Gritos de «¡Ya llega!», «¡Viva León!», «¡Viva el papa!» se escuchan entre una multitud emocionada con la primera visita de un pontífice a París desde la de Benedicto XVI en 2008.
Una niña pequeña es llevada por encima de los fieles congregados en las aceras. El papa le bendice la frente.
Cánticos entonados a coro, rock cristiano o el sonido de una gaita marcaron durante horas el batido del corazón de París, donde desde jóvenes a jubilados esperaban, algunos desde primera hora de la mañana.
David Charton, responsable de calidad en una fábrica del noreste de Francia, llegó a las 6 seis de la mañana «para tener un buen sitio», asegura a la AFP, apoyado en una valla en primera fila y a la sombra.
Para este hombre de 53 años, que luce una cruz de San Francisco de Asís, el papa busca animar a los creyentes franceses «a vivir la fe en un país laico».
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«Vivir en un país laico es vivir juntos, cada uno con su religión, pero no significa que no pueda haber religión en el espacio público», aclara.
El viaje llega en un momento decisivo para la Iglesia en Francia, dividida entre la caída de la práctica religiosa y el aumento de los bautismos de jóvenes desde hace cinco años, un fenómeno que suscita la curiosidad del papa.
«Ha sido un momento formidable. Es un acontecimiento que une a la gente, sobre todo porque es un papa muy accesible y abierto», celebra Grégoire Maringui, de 28 años.
– «¡Causa!» –
La comunidad peruana, congregada en torno a la Hermandad de Cargadores del Señor de los Milagros de París, se dio también cita frente a los jardines de Luxemburgo para ver pasar a quien fuera el obispo de Chiclayo.
Desde el mediodía, adornaron con banderas las vallas y ensayaron cánticos para atraer su atención, con éxito. Al pasar frente a ellos, León XIV sonríe y ofrece un largo saludo a la treintena de peruanos presentes, que rompen en gritos de júbilo.
«¡Me leyó el cartel! ¡Me siento recontrabien, superfeliz!», asegura a la AFP Aida Huamán, una peruana de 56 años, que vive en Lima y vino hace un mes a Francia para ver a su hija y al pontífice.
En sus manos, lleva el cartel rosa con el mensaje en azul: «Papa León XIV. Perú contigo», que levantó al paso de su compatriota, que en noviembre viajará a Uruguay, Argentina y Perú.
«Lo he llorado todo. Nos ha mirado», asegura aún emocionada Issen Mote, una fotógrafa de 46 años que vive desde hace seis en Francia. Vestida con la camiseta de la selección peruana de fútbol, acudió a ver al papa acompañada de su hija de cuatro años y de su marido francés.
Para otros como Javier Castillo, de 66 años y sacristán en la iglesia parisina de La Madeleine, «el papa pasó muy rápido».
Y eso que tenía «la palabra clave» para que se detuviera y saludara: «Es ¡causa!», confiesa entre risas, en referencia a esta palabra que se refiere a una comida peruana pero también quiere decir «amigo» en el lenguaje familiar.


